El Municipio de la ciudad de Federación concretó una importante acción de promoción turística e histórica a nivel de alcance nacional mediante la publicación de una extensa crónica periodística en el prestigioso diario La Nación. Bajo el título «La ciudad que quedó bajo el agua y hoy es meca del turismo», el informe realiza un exhaustivo recorrido cronológico por la trayectoria de la localidad entrerriana, detallando sus sucesivas transformaciones urbanas y su consolidación definitiva como el principal polo de atracción termal de la región del litoral, registrando una afluencia anual superior a los 330.000 visitantes.
La publicación nacional propone un análisis de las identidades de una comunidad que debió reinventarse tras el impacto del desarraigo forzado y que, décadas más tarde, encontró su reconversión económica y social a través del aprovechamiento de los recursos naturales subterráneos.
Tres hitos forjaron la identidad federaense a lo largo del tiempo. El origen inicial se remonta al período comprendido entre 1777 y 1810 con la fundación de la Estancia Mandisoví por parte de Juan de San Martín, espacio que posteriormente el general Manuel Belgrano declaró formalmente como Villa Mandisoví el 16 de noviembre de 1810. El segundo quiebre histórico ocurrió en el año 1847, cuando el gobernador Justo José de Urquiza dispuso el traslado de la población 38 kilómetros al sur, sobre la barranca del río Uruguay, bautizándola como Pueblo de la Federación en homenaje a la causa federal, sitio donde floreció la industria maderera y el arraigo social por más de un siglo. El tercer proceso comenzó a delinearse con la firma del tratado binacional de 1946 para la construcción del Complejo Hidroeléctrico de Salto Grande y culminó de manera drástica el 25 de marzo de 1979 con la inauguración forzada de la Nueva Federación, ubicada cinco kilómetros al norte, luego de que las topadoras demolieran por completo la vieja estructura urbana antes del llenado del embalse.
La crónica de La Nación recupera diversas investigaciones de especialistas y recopila valiosos testimonios de familias afectadas por la relocalización compulsiva ejecutada durante la última dictadura militar. Los relatos exponen el período de incertidumbre previo al traslado, las deficiencias del diseño urbanístico impuesto que inicialmente carecía de plazas y centros culturales, y el desarraigo heredado por las generaciones posteriores que debieron asimilar la pérdida del entorno cotidiano de sus antepasados, cuyos cimientos antiguos emergen a la superficie de manera literal cada vez que desciende el nivel del lago artificial.
Hacia comienzos de la década de 1990, la Nueva Federación enfrentaba un escenario complejo debido a la crisis de la actividad maderera y su relativo aislamiento geográfico de la nueva traza de la Ruta Nacional 14. La transformación definitiva del perfil productivo local se inició gracias al impulso de un grupo de profesionales locales que promovieron las tareas de exploración subterránea. El 24 de noviembre de 1994, las perforaciones alcanzaron con éxito el Sistema Acuífero Guaraní, logrando el surgimiento de agua termal a 42 grados de temperatura.
Este descubrimiento convirtió a Federación en la localidad pionera de la Mesopotamia argentina en la explotación del recurso con fines turísticos y recreativos. En veinte años, la ciudad duplicó su población estable y expandió su capacidad hotelera de 60 a 6000 plazas disponibles. En la actualidad, el complejo termal es administrado bajo la órbita del sector público municipal y representa cerca del 30 % del presupuesto de la comuna, consolidando un fenómeno de desarrollo económico que sirvió de modelo para que otras 16 ciudades entrerrianas replicaran la experiencia en sus respectivos territorios.




